La vida es una sucesión de momentos (¡qué rotunda me ha quedado la frasesita! ;-) Momentos eternos, momentos cortos, momentos increíbles, momentos para olvidar...
Mi medio limón y yo hemos vivido un sin fin de momentos (y los que esperamos seguir viviendo). La mayoría de ellos maravillosos (que son en los que pienso cuando pasamos por alguno malo). Ahí van algunos de los buenos (la mayoría "contienen" las palabras primera vez... me reservo los íntimos ;-):
La primera vez que nos besamos, la primera vez que viajamos juntos, cuando entramos por primera vez en casa con nuestra gatita, la primera vez que tuvimos en nuestros brazos a Irene y a Elías (nuestros sobrinitos), la primera vez (y última) que fuimos de acampada (eso se merece un post entero), la primera vez que entramos en nuestra futura casa, etc., etc.
Tenemos otros que no contienen la palabra primera vez. Fueron momentos únicos que no sabemos si se volverán a repetir. En nuestro viaje de hace dos veranos a Londres y París vivimos algunos de ellos; y dentro de esos, el que nunca olvidaremos fue una tarde en Londres, en la quetirados en Hyde Park, comimos sushi y otras delicatessen japonesas (que habíamos comprado previamente en Harrods). No sé por qué ese momento fue tan especial para nosotros, tampoco lo puedo describir con palabras... fue sencillamente especial e inolvidable.
Pues bien, ayer (día festivo) volvimos a tener uno de esos momentos y esta vez sin salir de Gran Canaria. Con gran esfuerzo por nuestra parte, conseguimos vencer los cantos de sirena con los que las sábanas intentaban atraparnos para que no saliéramos de casa: "no se vayan... pasen el día durmiendo... viendo alguna peliculita...". Como ya digo, conseguimos levantarnos y tomar la decisión de hacer turismo urbano. Nada de coche. Sólo transporte público. Nuestra idea original era visitar museos porque pensábamos (qué ilusos somos) que abrirían en un día como ayer... pero ¡ah... se siente! ¡Ni un sólo museo-exposición abierto! A pesar de la desilusión y ya que estábamos en la calle, pensamos que sería una buena idea almorzar por la zona (San Telmo - Triana). Decidimos ir a un japonés, el Sakura IV y nos encontramos con una sorpresa. Lo primero que nos dice una de las camareras era si preferíamos cinta o mesa... ¿cinta? sí, resulta que han dividido el local en dos partes. Una donde hay mesas y con la distribución normal que tiene un restaurante, y otra con mesas alrededor de una cinta por la que van circulando "mini" platitos con especialidades japonesas y que por un precio único puedes ir cogiendo lo que quieras (como siempre, bebida aparte). Decidimos probar lo de la cinta... y creo que hicimos bien.
Cuando terminamos el almuerzo, a eso de las tres, nos acercamos al parque Doramas. Vimos una o dos parejas tumbadas en una de las zonas con césped, y sin casi decirnos nada nos dirigimos hacia un árbol y también nos tumbamos sobre la hierba. Allí, uno al lado del otro, y leyendo esa estupenda revista de política que te pone al día de todo ("El Jueves"), pasamos uno de esos momentos especiales. Supongo que los dos teníamos en la mente aquel momento en Hyde Park (coincidencias había: comida japonesa, parque) y que por eso nos encontrábamos tan bien.
Después de un buen rato nos levantamos y continuamos nuestro paseo, prometiéndonos volver a repetir la experiencia pronto. No sé si cumpliremos esa promesa... pero no importa, me quedo con mi momento especial de ayer que incluiré en mi fichero de momentos especiales.

Escribe un comentario