He oído por ahí que todos soñamos mientras dormimos, pero que sólo algunos tenemos la fortuna (o infortuna) de recordar lo soñado.

Mis sueños suelen mezclar situaciones vividas o pensamientos del día con cosas extrañísimas (aunque ahora me viene a la mente uno que me contó mi hermano hace ya bastantes años, en el que él, yo y otras personas de nuestro entorno, corríamos por el monte porque alguien nos perseguía. Y cuando ya estábamos cansados de tanto correr, nos "destornillábamos las piernas" y nos poníamos otras más rápidas... :-))

Aún hoy recuerdo sueños que tuve en mi infancia y en mi adolescencia y que de cierta forma me marcaron. Algunos fueron muy muy bonitos y otros realmente horrorosos. Una vez soñé que yo (y todos los que me rodeaban) éramos "colores". Sí. Haces de luces de varios colores que bailábamos en la playa mientras anochecía. Ya sé que tal como lo cuento parece ñoño y tonto, pero a mí me pareció un sueño maravilloso.

Reconozco que a veces siento curiosidad por saber si un sueño tiene algún significado especial. Mi madre tenía un libro de sueños que a veces ojeábamos (y hojeábamos) buscando el significado del sueño de la noche anterior, y comportándonos igual que cuando leemos los horóscopos: Nos creemos todo si es algo bueno y no nos lo creemos si es malo.

De todas maneras prefiero leer el significado de los sueños en un "libro de sueños" que escuchar la interpretación que hace Freud... y lo digo por experiencia:

Cuando tenía unos 16 años y estaba en 3º de BUP (los más jóvenes se preguntarán ¿qué es 3º de BUP? ;-), tenía un profesor de filosofía que intentaba de todas las maneras posibles (con no mucho éxito) animar sus clases. En cierta ocasión, nos dijo que redactáramos uno o dos sueños cada uno, que él eligiría un par de ellos al azar y los interpretaría según Freud. La verdad que la tarea, inicialmente, me encantó. Por una parte, yo tenía sueños para dar y regalar; y por otra, me gustaba (y me gusta) mucho escribir.

Así que decidí contar una pesadilla que durante un tiempo sufrí en varias ocasiones. En esa pesadilla, me encontraba en una especie de prado o valle (tipo "La casa de la pradera") en el que sólo había una casita de madera. Yo me acercaba a la casa y lo que encontraba era algo realmente espeluznante: Mi hermano pequeño (que por aquella tendría unos 8 años), estaba envuelto en una especie de telaraña (más o menos como Frodo en El Señor de Los Anillos) y una enorme tarántula se le acercaba. No sé si por el pánico, pero siempre me despertaba antes de llegar al desenlace de la pesadilla (¡menos mal!) y nunca supe cómo terminaba. Esto es lo que recuerdo del sueño ahora mismo, pero cuando entregué mi redacción al profesor, tenían mucho más detalles de los que ahora soy capaz de recordar (por cierto, las redacciones iban sin firmar por nosotros para que ni el profesor ni los compañeros identificaran al "propietario" del sueño leído).

Y llegó el día de las interpretaciones de sueños según Freud. Antes de empezar la clase tenía ganas de que mi sueño fuera uno de los elegidos porque realmente sentía curiosidad... Después de la clase sólo deseaba que me tragara la tierra porque mi sueño había sido seleccionado. Resultó que según Freud, yo tenía un sin fin de complejos, envidia hacia mi hermano y no sé cuántas cosas horribles más. Por supuesto la palabra "sexo" también salió de la boca de mi profesor (¡por Dios... sí tenía 16 añitos y el contacto más cercano que había tenido con un chico era cuando acercaba a mi pecho la foto de Tom Cruise que tenía en mi carpeta!). A medida que él iba hablando, yo sentía un calor inmenso en mis mejillas. Estaba casi segura de que todo el mundo sabía que se trataba de mi sueño-pesadilla y me moría de la vergüenza.

Cuando por fin acabó la clase (que a mí se me hizo eterna) sólo tenía ganas de que apareciera un agujero en el suelo para que me tragara. Pero no pasó nada. Allí me quedé esperando a que comenzara la siguiente clase no sin antes aguantar la broma del "graciosito" de la clase que dijo algo así como "¡qué sueñitos tiene la niña!"... porque sí... todo el mundo se enteró que la acomplejada, pervertida y envidiosa era yo.