Depués de leer el post de maria sobre uno de los bichos más asquerosos que conviven (por desgracia) con nosotros en este bonito planeta llamado Tierra, recordé una experencia que sufrí, con otro bicho también asqueroso, hace ya varios años.

Odio las cucarachas, las odio mucho (y también soy de las que gritan cuando las ve). Pero hay otro bicho al que tampoco puedo soportar: Las langostas, que son como unos saltamontes gigantes (nada que ver con las que te puedes zampar en una marisquería ;-) En Canarias estamos acostumbrados a que, cada vez más frecuentemente, lleguen a nuestras islas (sobretodo a las orientales) plagas de langostas procedentes de África que acaban con cualquier cosa cultivada en un pis-pas.

Cuando era estudiante en La Laguna, compartí piso durante varios años con mi mejor amiga (que a pesar de eso sigue siendo mi mejor amiga ;-) , y en una ocasión llegó a Canarias (a todas las islas) una plaga de estos bichejos. Nosotras, como señoritas jovencitas solteras y sin ningún vecino "masculino" al que poder acudir para que nos salvara de cualquier bicho, decidimos cerrar a cal y canto puertas y ventanas para que no se colara ninguno de esos saltamontes en casa. Pero no lo conseguimos.
Todavía recuerdo el grito de mi amiga (ella estaba en la cocina-salón-comedor y yo en mi habitación). Cuando llegué hasta ella, que estaba blanca como si hubiera visto un fantasma, me señaló aquel mega-saltamonte que estaba tan tranquilo agarrado a nuestra cortina. ¿Qué hicimos en ese momento? Comportarnos como mujeres adultas y... ¡CORRER Y ENCERRARNOS EN MI HABITACIÓN! No sabíamos qué hacer (llamar a mi padre que estaba en otra isla no tenía mucho sentido, aunque a punto estuve de hacerlo ;-) Tras largos minutos que para nosotras fueron horas, decidimos salir y enfrentarnos al monstruo.

Creo que fui yo la que se atrevió a coger la escoba con la intención de mandarle un escobazo. Y nos acercamos a él (o ella). Miramos al bicho que... ¡¡¡nos devolvió la mirada!!! Sí, también nos estaba mirando. Y de repente, cuando yo iba a comenzar la maniobra de ataque (acercarme, levantar la escoba y darle el golpe "fatal"), fue él (o ella) el que decidió adelantarse y voló (¡qué asco!) hacia nosotras ¿Y qué hicimos en ese momento? Pues también actuar como adultas y... tirar la escoba al suelo, abrir la puerta y salir corriendo del piso (menos mal que no cerramos la puerta, porque por supuesto no teníamos las llaves encima). Terminamos tocando la puerta de otra amiga mía que vivía con otras chicas en el mismo edificio, y menos mal que una de ellas era bastante más valiente que nosotras y se ofreció como voluntaria a "exterminar" el bicho.

No pudimos presenciar la batalla final porque no nos atrevimos a entrar con nuestra heroína, pero vimos la prueba de que ella había ganado: el cadáver del monstruo...