Ayer escuché en un boletín de noticias de la radio algo que me dejó los pelos de punta.

Al parecer, unos pescadores mexicanos que habían salido a pescar del muelle de San Blas (¿se acuerdan de la canción de Maná?) hace nueve meses, habían sido rescatados por un barco atunero cerca de Australia. Sobrevivieron a base de peces y gaviotas crudos y agua de lluvia. Aunque las quemaduras solares que tenían eran de cierta importancia, su estado de salud en general era bastante bueno.

Hoy, rebuscando más información sobre la noticia, volví a leer más o menos lo mismo que había oído en algún periódico español; pero quise ir más allá y busqué en la prensa mexicana. Me encontré varios periódicos digitales que informaban acerca del suceso , pero que hablaban de 90 días a la deriva (3 meses y no 9); aunque también encontré otro que hablaba de efectivamente 9 meses.

Bueno, en realidad da igual que sean 3 meses o 9 (supongo que ellos no dirían lo mismo ;-). El caso es que me causa una gran admiración las personas que con tesón y ánimo de supervivencia superan situaciones que la mayoría de nosotros no pasarían. En especial lo digo por mí, que soy de las que cuando ven películas de tragedias en las que los protas pasan mil y una buscando la salvación, siempre digo a mi acompañante habitual de cine: "Por favor, prométeme que si alguna vez nos pasa algo parecido, no me harás pasar por toda una odisea de sufrimiento y dejarás que sea una de las primeras en morir".