Cualquiera que tenga el placer/desgracia de conocerme, sabe que me encantan los gatos. ¿Por qué? Pues realmente no lo sé, quizás por los tópicos que suelen acompañar a estos animales: belleza, elegancia, agilidad, independencia... aunque mi gata no cumpla con la mayoría de ellos...
Mi gata entró en nuestras vidas (en la de mi medio limón y en la mía) hace más de cuatro años, justo cuando empezamos a vivir juntos. Desde que aterrizó en nuestro piso, se apoderó de todo lo que había en él. No sólo es suya la habitación de los trastos (donde está su caja de arena y comida), también se pasea y duerme por nuestra habitación, el salón-comedor, el estudio, la cocina... (el baño no, desde que tuvo su primer único baño debe pensar que no es un buen lugar para pasearse ;-)
Desmontemos tópicos...
Belleza y elegancia
Éste sí que lo cumple, puesto que por supuesto, nuestra gata es la más bonita del mundo, y como ejemplo esta foto
Agilidad
¿Agiliqué? En estos cuatro años se ha caído dos veces por la ventana. La primera vez creemos que se quedó dormida y se resbaló por el alféizar de la ventana. Resultado: Gata con pata rota y dueña de la gata a punto de sufrir un infarto del disgusto... Afortunadamente, la gata se recuperó del todo (gracias a la Clínica Can) y la dueña... también.
La segunda caída tuvo su gracia. Era un sábado por la mañana y estábamos de "zafarrancho" de limpieza, por lo que teníamos las ventanas abiertas. Comenzamos a hablar de que debíamos llevar a la gata al veterinario porque había vomitado un par de veces durante la semana y temíamos que estuviera enferma. Yo no sé si la gata entendió la palabra "veterinario", pero como alma que lleva el diablo comenzó a correr por el pasillo, supongo que con la intención de trepar por la cortina de la ventana del salón. El caso es que se encontró con la ventana abierta y era tanta la velocidad que llevaba que no pudo frenar. Lo siguiente que oímos fue el ruido de algo que caía sobre un arbusto. Cuando nos asomamos a la ventana nos encontramos a la gata dando vueltas sobre la copa de una palmera que estaba al lado de nuestro edificio, y a todos los vecinos en sus ventanas dándonos su opinión de como "rescatarla". Al final tuvimos que llamar a los bomberos, y nos enviaron cinco de sus hombres (¿de qué tamaño pensarían que era el gato?) y tras colocar la escalera en la palmera, y casi ahorcar al pobre animalito, me devolvieron a mi gatita sana y salva.
Independencia
¿Indepenqué? Con frecuencia llamamos a nuestra gata la mas-cotilla, porque seguro que si fuera una persona sería una de esas cotillas que hay en todos los barrios y que saben todo lo que les ocurre a sus vecinos.
Si yo estoy en el estudio y mi novio en la habitación, ella puede estar tranquilamente pasando de nosotros en el salón (posiblemente sobre el televisor, su lugar preferido). Ahora, como estemos juntos en una habitación y empecemos a hablar, se escuchará por el pasillo un cascabelito que querrá decir que la gata se acerca para estar con nosotros.
Si por algún motivo hemos tenido que marcharnos y dejarla sóla un par de días, cuando regresamos no para de maullar y acompañarnos dentro del piso cada vez que nos movemos de una habitación a otra...
A pesar de que no cumpla con los tópicos, no la cambio por ningún otro gato/a y espero que todavía le queden muchas vidas para seguir siendo tan bonita, ágil e independiente.

Me he reído mucho con las anécdotas que comentas. En especial con la del pelotón de bomberos enviado a reducir un violento tigre.
Yo soy otro fanático de los gatos, en particular, y de los felinos en general (mi preferido, la pantera). No tolero nada a los perros, los cuales me resultan babosos y pervertidos fetichistas de las perneras de pantalón hasta el extremo. Desde que tuvimos el primer gato, un siamés que vivió 18 años, y hasta que dejé el hogar paterno, muchos felinos han habitado con nosotros. Con tantos y tantos gatos (al menos a mí me parece que una cuenta total de 20 gatos, que han ido pasando a mejor vida y siendo sustituidos por otros es una cuenta alta) te das cuenta que no hay dos gatos iguales y que la mayoría de la gente que los cataloga de "traicioneros" habla por hablar con "ingnorancia de cuasa". Lástima, ellos se lo pierden.
Para mi gusto los gatos tienen dos inconvenientes. Uno de ellos lo comparte con todos los seres vivos adoptados: la responsabilidad de la dependencia. A un gato no lo puedes dejar más de dos o tres días solo. Hay que cambiarle la tierra y darle de comer. Por tanto si quieres irte a un viaje largo (más de tres días) tienes que "pringar" a alguien para que te cuide al bicho. La otra, que ya no comparte con tantos animales, es que lo deja toooooodo lleno de pelos. Eso es lo peor que llevo, la verdad. Sentarte en un sillón con una camisa negra y levantarte con "abrigo de bisón" no es una de las mejores experiencias que puedes tener (tampoco de las peores). Más si al momento vas a salir para ir a tomarte unas copas e intentar conquistar a alguna chica... Por estos motivos creo que, aunque he convivido 30 años con gatos, opto por no adoptar a ninguno. Demasiada responsabilidad.
Estoy totalmente de acuerdo contigo (encefalogramaplano), lo de los pelos (en mi caso blancos) por todos los lugares de la casa (piso, sillones, cama, ropa...) puede llegar a ser desesperante. Pero es verdad que a todo termina acostumbrándose una ;-)
Tambien te doy la razón con lo de la dependencia y el tener que dejar a alguien el cuidado del bicho cuando te vas de viaje (es bastante difícil encontrar a algún voluntario puesto que hay mucha "gatofobia" en el mundo).
De todas maneras, y como ventaja (espero que esto no lo lea mi suegra), creo que sigue siendo menos "sacrificado" adoptar un gato que tener un niño ;-)
Un recado de parte del bicho con pelos ese:
- ¡Vuelve a casitaaaa!