Aunque ya iré poniendo "batallitas" pasadas, de las mil y unas que he "sufrido" con mi novio al volante, voy a empezar con una reciente y de las poquitísimas en las que he tenido que darle la razón.
Por motivos laborales, llevo casi dos meses viviendo fuera de Gran Canaria y viendo a mi novio sólo los fines de semana. Hace dos semanas, y casi al borde del histerismo, me llamó para decirme que al entrar en el coche y bajar la ventanilla del lado del conductor, escuchó un ruido extraño y la ventanilla quedó bloqueada, de manera que no se pudo subir más. Realmente esto era un problema, puesto que nosotros no tenemos garaje donde dejar el coche y dejarlo en la calle con la ventanilla bajada era como poner un neón sobre el coche del tipo "Vengan... que estoy aquí solito esperando para ser robado...". Al final lo aparcó en un parking, "pegadito" a la pared con la esperanza de que nadie se diera cuenta de que el cristal estaba bajado.
Esto ocurrió un jueves, y yo, desesperada e impotente pensando en mi pobre cochito, regresé a Gran Canaria un día antes de lo que tenía pensado para poder llevarlo por la mañanita temprano al taller, y tenerlo a punto el mismo día, puesto que ibamos a pasar dos semanitas de vacaciones juntos y necesitábamos el coche.
Dicho y hecho. El viernes, tempranito, me dirigí en dirección al parking para recoger el coche y llevarlo al taller. Mi novio me dijo un par de veces que aprovechara y dijera en el taller que echaran un vistazo también a la otra ventanilla porque hacía un ruido raro. Tengo que reconocer que no le hice mucho caso, cuando entré en el coche subí y bajé la ventanilla que "estaba bien" y yo no oí nada extraño así que pasé de decir nada en el taller.
Por suerte, me llamaron el mismo día desde el taller para decirme que el coche ya estaba. ¡Yujuuuu! ¡Íbamos a tener coche para la primera parte de nuestras vacaciones!
La semana transcurrió tranquilamente y el coche no dio más problemas. Mi novio seguía empeñado en que la ventanilla del copiloto "no sonaba bien", pero yo pasaba de él (como casi siempre ;-)
Y el domingo por la tarde ocurrió la tragedia. Cuando nos subimos en el coche para regresar a casa, la ventanilla del lado derecho hizo un ruido y mi novio dijo: ¡Ya se rompió como la otra! Y yo, que soy más tozuda que una mula, respondí: ¡No puede ser! Y en un acto reflejo pulsé el botón para intentar subir la ventanilla (estaba bajada sólo un centímetro). Mi novio gritó: ¡No toques nada!... demasiado tarde, la ventanilla se bajó del todo y también se bloqueó del todo y de repente me sentí estúpida. De nuevo tuvimos que buscar un parking, pegar el coche a la pared y rezar para que no le ocurriera nada durante la noche que iba a pasar en el parking. Si no hubiera tocado el dichoso botoncito, la ventana no se hubiera bajado del todo y nos hubiéramos ahorrado el parking. Mi novio no me dijo nada en el camino hacia casa, pero yo, que soy capaz de leer sus pensamientos, sé que no paraba de repetirme (mentalmente): "Te lo dije, te lo dije, te lo dije..."

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